martes, 16 de octubre de 2012

...la prensa actual y su grave daño a la sociedad....



…la prensa actual y su grave daño a la sociedad…

Por : Fernando Bravo Prado
 

Hace unos días estaba hojeando antiguas publicaciones, lo cual me hizo caer en la cuenta (por un acto simple de comparación)de que en el Perú el periodismo no es que haya bajado su nivel, sino que simplemente no existe; y que, lo único que hay, es un halo añejo, una remembranza, la inercia quizás, un vestigio (ya caduco por cierto, para los gustos actuales) de una prensa que un día fue y que ahora ya no es; el recuerdo añejo de un oficio que languidece en algún rincón olvidado, oscuro, y sin lectores.
Lo que hoy se hace llamar prensa no es más que un puñado de escribidores a sueldo, de burdos esperpentos que matan por ser los primeros en cubrir un escándalete, esbirros que entienden por noticia el explorar hasta la saciedad la sordidez de un crimen, la lagrima de un infeliz, el montaje mal armado de una vedette, el hambre de un miserable, la ignorancia de un iletrado; y revolcarse en todo ese estiércol con mucho entusiasmo, y luego salir de esa orgía de excremento (con la naricita manchada y la ropa apestosa) cargando la certeza de haber cumplido a cabalidad con la función de informar; sin que les quede la más mínima sensación de haber sido, en realidad, los proveedores de atracciones de una especie de circo romano, en la que sus cadáveres, sus muertos en vida y sus desdichados, vendrían a ser los gladiadores, cristianos y leones de una platea que por cincuenta céntimos adquiere la sangre, los gritos, el facilismo y la brutalidad necesaria para que se cierre el círculo. Si la gente quiere caca, caca hay que darles, eso dicen.
En el Perú no se escriben diarios, se perpetran. Atrás y como un verdadero arcaísmo, quedo el periodista crítico e independiente, el columnista que no es un servil de su empleador, el investigador acucioso que halla en medio de la noche, y después de cuarenta cigarrillos y ochenta relecturas, la pieza clave que hará de su pesquisa una nota relevante. La entrevista ha caído en la adulación patética, concertada, sesgada y sin imaginación; las columnas de opinión se han hundido en un abismo de visiones parametradas y mezquinas, digitadas por los dueños de las empresas; la crónica sólo tiene ojos para la sordidez y la cárcel, para el drogadicto y la meretriz, para lo exótico y lo violento; hoy en día, y desde hace un buen tiempo, la prensa se siente atraída por la calumnia, por el montaje, por la ruindad, y por la abyección.
La prensa se rige por los designios de las temporadas, me explico; sucede que su andar sigue la ruta de una suerte de modas pasajeras que se van relevando cuando intuyen que la gente se empieza aburrir; cuando se cansaron de repetir el nombre del muchacho que estaba tirado en el valle del Colca se ocuparon de la bailarina masacrada, cuando las heridas de ésta empezaron a sanar se concentraron en la jovencita que había matado a su madre con la ayuda del enamorado, cuando ésta por fin fue condenada y por ende, dejó de vender, trasladaron su atención a la ex-vedette que se casaba por enésima vez, vendiendo, en este último caso, la idea de que todas esas tonterías que se filmaban en medio de un facilismo bárbaro y vulgar, que toda esa vida ventilada días después en un diván anti-científico, eran parte de la realidad y merecían verse y saberse. Por eso las cojudeces que dice Tongo salen en las primeras planas.
Los métodos de la mexicana Laura Bozo no sólo siguen vigentes, se han sofisticado; ahora resulta que airear las intimidades personales por plata y por rating es un acto de valentía y redención. Ahora resulta que el polígrafo nos da lecciones de entereza, ahora resulta que el que mantiene en privado su vida privada es un cobarde y no sabe nada de catarsis.
La televisión, y lo digo con todas sus letras, es una verdadera inmundicia. Ahora resulta que la chola Chabucay la ex-convicta Magaly Medina (la que tuvo que retractarse en vivo por mandato judicial y aun así la gente la sigue viendo) son las lideresas de opinión de una tierra donde alguna vez Haya De La Torre y Mariátegui soñaron con que se parezca a una república. Y es que la consigna es embotar a la gente de ideas estúpidas y corrientes, con realitys cada vez más primitivos, de imágenes vulgares y huachafas, de sonidos estridentes y frases imbéciles; el objetivo es idiotizar a su clientela hasta los límites más profundos; saben que el foso de la ignorancia no tiene fondo y que nunca llega a saciarse. Por eso es que con gran facilidad Josie Diez Canseco y sus psíquicas hacen dinero con sus falacias telefónicas (Tauro: cuidado, no permitas que una tercera persona se interponga en tu relación…enunciado que le encaja a cualquiera ser humano), por eso es que Jaime Bayly se cree un mártir del periodismo porque autofinanció un programa que nadie vio, por eso Gastón Acurio se cree el Simbad de la culinaria, por eso la televisión ha conseguido el objetivo de instaurar la idea de que el cebiche es el mejor plato de la galaxia, que Machu Picchu es la envidia del mundo, que todos los engreimientos pueriles de Gianmarco son patrimonio nacional, que todos a los que no nos gustó la película de Claudia Llosa (ese engendro del cine llamado “La teta asustada”) tienen el gusto estragado y son anti-patriotas, que Magaly Solier es una tremenda actriz, que la tigresa del oriente tiene la calidad y el talento para participar en un fonograma, que Fujimori es inocente, que la columna de la última página del diario Trome (la más leída de este país miserable, la que se cuelga de los datos de la Wikipedia para parecer culta) es una joya del periodismo nacional, que todo ese chauvinismo barato auspiciado por las cervecerías, oleado por Promperú, y sacramentado por los bancos, es la reivindicación del país, de la identidad nacional, del despegue del Perú hacia el primer mundo. Todo el que se atreva a negar o a desconocer a esos “íconos de la cultura” será sin duda, catalogado como traidor a la patria.
Releo mis líneas anteriores y soy consciente que seré tildado por muchos de resentido social y aguafiestas, no hay problema; sé que eso va a suceder. Jamás me sumaré a ese concierto de voces que intentan repetir la letanía de que somos una maravilla, que ser de este país es un lujo; para ser sincero, siento vergüenza de ser peruano, no porque desprecie la memoria de Grau y Bolognesi, o porque repudie las enseñanzas de mis maestros, o el recuerdo de mi infancia, o el barrio donde me crié, o los libros que leí, o la gente entrañable que llegué a conocer (y que por cierto es también peruana); sino porque el Perú es una franja de tierra poblada por individuos de baja calidad moral, de ínfima cultura, y proclives a conductas estúpidas y denigrantes. Todo lo endiosa esta prensa canalla; endiosan al futbolista mediocre y mercenario, al cantante que se vende como ingenuo y sensiblero, a la comida que irrita las entrañas, al rating (que es una comprobación de que la cantidad le ganó la batalla a la calidad), al ex-convicto (que hasta asiste al congreso en visita oficial a dictar cátedra en mafias  ediles), al proxeneta que toca boleros, a la puta retirada que se lanza a la política, al entrevistador de farándulas que cree que se parece a Wilde sólo porque ha publicado un manojo de novelas, y porque es gay.
No acepto ni creo en esa vil coartada de la televisión caradura que dice: “Al que no le gusta, que cambie de canal o apague el televisor”, y no creo en ese argumento simplemente porque los niños y los adolescentes no tienen la fuerza de hacer ese acto de salubridad y retirar de sus ojos ese producto, y por lo tanto, deliberadamente están creando una generación de lerdos que nunca sabrán lo que es lo malo porque simplemente nunca han conocido lo que es bueno.
Claro que existen raras excepciones, como es natural. Pero son muy escasas, quizás se salven un par de publicaciones, uno o dos programas, nada más. A veces siento que ser parte de una minoría que se niega a escuchar esa chicha bestial, y ha renunciado irrevocablemente a ese fútbol mediocre está mal vista, que es considerada el ala inadaptada de un país que pierde todos los días un poco de su dignidad; que aquel que prefiere un buen libro a las felonías y babosadas de la televisión es un anticuado, que aquel que prefiere un disco de The Vétales a los parodias mal escritas de la comicidad sabatina es un tarado, un amante de lo foráneo, un enemigo de la peruanidad. La peruanidad, ese gentilicio que de niño miraba con cariño, de adolescente contemplaba con recelo y que hoy día me inspira la más sincera de las náuseas.
Otra cantaleta de los patrioteros es “si no te gusta tu país vete pues, saca tu pasaje”, a esos chauvinistas les contesto: Depórtenme si pueden.
Y mientras el publi-reportaje abunda, y mientras PPK discursea y se luce ante una platea de ciegos, y mientras García publica un nuevo libro y se siente como Churchill, un patricio, un escritor apasionado; y mientras el decano y su grupo de empresas consuman una nueva infamia, otro nuevo apoyo, una nueva pose; y mientras la gente grita la inocencia de una asesina porque esperaban que el sicario le hubiese entregado un recibo que dijera: “recibí contante y sonante la suma de siete mil dólares por el asesinato de tu mamá”, y mientras la corrupción nos arredra y extingue lentamente, y mientras la hija de Fujimori nos viene a dar lecciones de democracia, y mientras el premio nobel no dice ni jota del terrorismo occidental (aceptando con docilidad el paternalismo de las potencias que se creen los sheriffs del planeta y los únicos que pueden asesinar con impunidad), y mientras Humala se sigue transformando en García, y mientras el inconfesable Cipriani sermonea desde el púlpito de la catedral sobre paz y perdón, y mientras Montesinos escribe sobre estrategias políticas desde su celda, y mientras Mariela Balbi se hace la dura en la radio con los que no son sus amigos, y mientras la voz de las muchedumbres (que no tienen nada de voz divina) berrean por la liberación del Fujimori, y mientras el congreso la pasa bien porque la basura hoy se está botando en otro lado, y mientras todo eso pasa ante mi vista, alguien en mi casa ha prendido el televisor.
¿Saben quién aparece?  Pues es Brunito Pinasco fungiendo de crítico de cine y no de esclavo de los blockbuster y las distribuidoras de bodrios.

FERNANDO BRAVO PRADO

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